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jueves, 25 de septiembre de 2014

29 prohibiciones que los talibanes imponene a las mujeres

Las azotan si no ocultan sus tobillos, lavan la ropa en ríos, se asoman a los balcones o montan en taxi sin su dueño y guardián. Las vejaciones a las que se les somete para «protegerlas y sacralizarlas» son casi inefables.


El régimen talibán, en su estricta y radical aplicación de la Sharía, ha conservado su poder fáctico en Afganistán dando alas a un trato marginal a la mujer que ha provocado la indignación y el estupor internacional. Es imposible sintetizar en unos puntos el maltrato y abuso permanente al que someten a sus féminas, si bien la RAWA -Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán- ha querido hacerlo en 29 puntos, a cada cual más denigrante, vejatorio y humillante. Con este listado de violaciones de los derechos humanos más básicos, los talibanes aseguran que solo quieren «crear ambientes seguros, donde la castidad y dignidad de las mujeres sean por fin sacrosantas, tal y como recogen las creencias Pashtunes sobre la vida en purdah (práctica para ocultar la vida femenina en público)». Es decir, la creación de un estado sacralizado alrededor de las mujeres supone, para ellos, odiarlas, tratarlas como animales y someterlas durante toda la vida. 

La lista con la que la RAWA denuncia en su página web la situación de las mujeres en el país asiático durante el mandato del grupo fundamentalista entre 1996 y 2001 esas restricciones vitales que sufren a manos de los talibán, tal y como publicó Mikel Ayestaran en páginas de ABC, ofrece una visión bastante amplia de lo que puede ser para muchas afganas una existencia infernal; una pesadilla de privaciones y padecimientos, de encarcelamiento en sus propios domicilios. Dice la Asociación que contrasta muy mucho esa vida entre cuatro paredes con la ilegalización vigente de tener pájaros y otros animales en jaulas. 

La Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán denuncian que a muchas les quitan las ganas de seguir adelante, reduciéndolas a seres cuyo fin único es la procreación y les imponen una serie de restricciones que van desde «la completa prohibición del trabajo femenino fuera de sus hogares» hasta la «prohibición de imágenes de mujeres impresas en revistas y libros, o colgadas en los muros de casas y tiendas», pasando por el uso obligatorio del burka, prenda que ya existía con anterioridad a la llegada al poder de los talibanes. He aquí la lista completa de prohibiciones a las mujeres. 

1- Completa prohibición del trabajo femenino fuera de sus hogares, que igualmente se aplica a profesoras, inginieras y demás profesionales. Sólo unas pocas doctoras y enfermeras tienen permitido trabajar en algunos hospitales en Kabul.
2- Completa prohibición de cualquier tipo de actividad de las mujeres fuera de casa a no ser que sea acompañadas de su mahram (parentesco cercano masculino como padre, hermano o marido).
3- Prohibición a las mujeres de cerrar tratos con comerciantes masculinos.
4-Prohibición a las mujeres de ser tratadas por doctores masculinos.
5- Prohibición a las mujeres de estudiar en escuelas, universidades o cualquier otra institución educativa (los talibán han convertido las escuelas para chicas en seminarios religiosos).
6- Requirimiento para las mujeres para llevar un largo velo (burka), que las cubre de la cabeza a los pies.
7- Azotes, palizas y abusos verbales contra las mujeres que no vistan acorde con las reglas talibán o contra las mujeres que no vayan acompañadas de su mahram (su marido y guardián).
8- Azotes en público contra aquellas mujeres que no oculten sus tobillos. 

El artículo completo en:

jueves, 3 de abril de 2014

Perú: Clubes exclusivos se adueñan de playas del sur

En al menos 11 balnearios de Lima han cerrado los accesos al mar. En algunos hay agentes de seguridad, en otros tranqueras y hasta construcciones, pese a que esto es ilegal. 

solo pueden pasar los propietarios de los condominios o sus invitados”, nos señaló uno de los tres vigilantes que custodiaba –junto a una tranquera de metal– la única entrada al balneario Puerto Nuevo, ubicado en el kilómetro 70 de la Panamericana Sur.

“No, amigo, no pueden ingresar… Esta es una ‘playa privada’ y

Perú21 comprobó que pese a que la Constitución reconoce a las playas como bienes de uso público, en al menos 11 balnearios del sur de la capital se prohíbe el acceso a las personas. En algunos casos son los residentes quienes impiden este ingreso y en otros casos se trata de exclusivos clubes.

Dichas playas están ubicadas entre los kilómetros 55 y 98 de la Panamericana Sur y pertenecen a los distritos de Pucusana (Lima), San Antonio, Mala y Asia (Cañete).

Allí, diversas asociaciones de propietarios y de socios de clubes han colocado ilegalmente tranqueras y casetas de vigilancia para controlar el ingreso.

Este tipo de discriminación se da a vista y paciencia de los municipios y, es más, en algunos casos ni siquiera la autoridad distrital puede ingresar a estas ‘playas privadas’.

Por ejemplo, en la playa Puerto Nuevo, en el distrito de San Antonio de Cañete (Km. 70 de la Panamericana Sur), tres vigilantes y una tranquera restringen el único acceso al mar.

Perú21 preguntó la razón por la que no podíamos acceder a la playa y los agentes privados nos dijeron que tenían órdenes de solo autorizar el ingreso a los miembros del Club de Propietarios de la Laguna de Puerto Nuevo.

Lo mismo nos indicaron en la playa San Antonio (Km. 80), donde el Club Regatas ha instalado una tranquera en la única vía hacia el mar. “Esta playa es privada. El público en general puede ir a Puerto Viejo”, respondió uno de los vigilantes.

Tampoco se nos permitió el ingreso a los balnearios La Tiza (Km. 55), Boca León (Km. 79), en Mala; así como Cala de Mar (Km. 88), El Golf (Km. 96), Bora Bora (Km. 96), Bonita (Km. 98) y Costa de Sol (Km. 98), en Asia.

En dichos lugares, igualmente, se han colocado tranqueras o puestos de vigilancia en los accesos a la playa.
En la playa Totoritas (Km. 85), en Mala, una tranquera obstruye la bajada al mar. Los vigilantes solo permiten el ingreso de vehículos de los propietarios de las residencias.

Si bien aquí sí está permitido el acceso peatonal de cualquier ciudadano, estos están forzados a estacionar sus autos cerca de la tranquera y caminar más de 300 metros para llegar al mar. Es decir, en la práctica hay una restricción.

Sin embargo, un hecho que rebasa los límites es que ni el municipio de San Antonio de Cañete puede ingresar a sus playas.

“No tenemos libre acceso. Para notificar a los residentes y entregarles las cuponeras de pago (por impuesto predial) tenemos que pedir permiso a la administración de los condominios y de los clubes”, dijo Alex Echevarría, gerente de Rentas de esa comuna.


DIVIDEN PLAYA EN DOS
Otra restricción ocurre en Naplo (Pucusana), cuya playa ha sido dividida en dos: una parte para el público en general y la otra para los residentes. Un muro de concreto y cuerdas –custodiadas por vigilantes– separaran este balneario.

Enrique Bazo, presidente de la Junta de Propietarios, sostuvo que esta polémica medida no es discriminatoria. “La gente puede ingresar sin ningún problema, siempre y cuando no traiga comida”, señaló.


Los residentes de Naplo no se bañan con los visitantes, e incluso usan sombrillas que los diferencian (de color blanco). (Nancy Dueñas)

Fuente:

Peru21